La crisis de ingresos tiene un impacto directo sobre la alimentación en los barrios populares. Según un informe privado, el 42,3% de los habitantes consultados reconoció haber dejado de comer durante un día entero porque no tenía dinero para comprar alimentos.
El relevamiento mostró además que el 57,3% sintió hambre y no pudo comer por falta de recursos, mientras que el 53,8% aseguró que su hogar se quedó sin comida en algún momento. El 75,4% sostuvo que los ingresos familiares no alcanzan para cubrir los gastos mínimos.
La incertidumbre también es generalizada: el 83,7% manifestó preocupación por no poder garantizar alimentos suficientes. El informe advierte que, antes de que efectivamente falte la comida, aparece el temor de no poder acceder a ella.






