El consumo volvió a disminuir en julio y extendió a ocho meses la racha de caídas consecutivas. El indicador se suma a una serie de datos que reflejan la debilidad de la actividad económica y de la demanda interna.

Los hogares enfrentan un escenario en el que deben ajustar sus gastos para llegar a fin de mes. La evolución del consumo muestra el impacto que tienen sobre las familias la pérdida de poder adquisitivo y el aumento de los costos.

El retroceso sostenido representa además un problema para los sectores que dependen del mercado interno. Comercios, pequeñas empresas y distintas actividades productivas quedan afectados por una demanda que no logra recuperarse.

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