La crisis de las PyMEs comenzó a trasladarse de la actividad comercial al sistema de pagos, según el diagnóstico de empresarios del sector. Una de cada cuatro pequeñas y medianas empresas registra atrasos, una situación que amenaza con extenderse por toda la cadena productiva.
Los empresarios advierten que los plazos de cobro se están extendiendo mientras los vencimientos con proveedores se mantienen más cortos. Esto obliga a las firmas a financiar durante semanas operaciones que ya realizaron y aumenta la presión sobre un capital de trabajo cada vez más limitado.
La situación también repercute sobre las decisiones de inversión: apenas el 19,2% de las empresas consultadas proyectaba invertir durante los seis meses siguientes. El deterioro de la liquidez aparece así como un obstáculo adicional para recuperar los niveles de producción y empleo.






