La mina Escondida, en el desierto de Atacama (Chile), es hoy la mayor productora de cobre del planeta y un ejemplo de la escala que puede alcanzar esta industria. Opera con energía renovable, moviliza decenas de vuelos diarios para trasladar a sus trabajadores y continúa expandiéndose: BHP prevé invertir otros US$ 10.000 millones en la próxima década para extender su vida útil y aumentar su producción.
Lo más relevante para la Argentina es que proyectos como Vicuña, Los Azules, Josemaría y otros desarrollos cupríferos de San Juan buscan replicar ese modelo. Varias de estas iniciativas cuentan con inversiones multimillonarias y podrían convertir al país en uno de los principales productores de cobre de la región durante los próximos años, impulsadas por el RIGI y la creciente demanda mundial del metal para la transición energética.
La comparación también deja una enseñanza: además de contar con recursos geológicos de primer nivel, será clave desarrollar infraestructura, energía, logística y proveedores locales para aprovechar plenamente ese potencial. Si esos proyectos avanzan como está previsto, la Argentina podría construir un polo cuprífero de escala internacional, con impacto en exportaciones, empleo e inversiones durante las próximas décadas.






