La inflación sigue siendo uno de los principales problemas económicos de Argentina, aunque en 2025 muestra señales de moderación luego de varios años de aumentos sostenidos. Según datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), la inflación acumulada durante el primer semestre fue del 53%, mientras que las proyecciones privadas estiman un cierre anual cercano al 95%, por debajo del 135% registrado en 2024. Este descenso, aunque significativo, todavía mantiene a la economía en un escenario de alta inestabilidad de precios.

El freno parcial en la suba de precios se explica por la aplicación de una política monetaria más restrictiva y un ajuste en el gasto público que buscó reducir el déficit fiscal. El Banco Central elevó las tasas de interés y limitó la emisión monetaria, mientras que el Gobierno implementó una reducción de subsidios energéticos y al transporte. Estas medidas, si bien ayudaron a contener la inflación, también generaron tensiones sociales por su impacto en los ingresos reales y el costo de vida.

El precio de los alimentos continúa siendo el principal motor inflacionario. Según la consultora LCG, durante los primeros siete meses de 2025 los productos de la canasta básica aumentaron en promedio un 60%, afectando con mayor intensidad a los sectores de menores recursos. Este fenómeno se vincula tanto a factores internos, como costos logísticos y márgenes de comercialización, como a externos, entre ellos la volatilidad en los precios internacionales de granos y carnes.

El tipo de cambio juega un rol decisivo en la dinámica inflacionaria. La política de microdevaluaciones diarias adoptada por el Banco Central logró reducir la brecha cambiaria con los dólares financieros, pero no eliminó las expectativas de depreciación. La incertidumbre respecto de la evolución del tipo de cambio sigue siendo uno de los factores que condiciona la formación de precios y las decisiones de inversión, especialmente en el sector industrial y agroexportador.

La negociación paritaria es otro elemento clave en este contexto. En 2025, los gremios buscaron acuerdos salariales con actualizaciones trimestrales para no perder poder adquisitivo frente a la inflación. Sin embargo, la recomposición de ingresos avanza de manera desigual según los sectores. Mientras algunos rubros logran acompañar la suba de precios, otros quedan rezagados, generando una mayor fragmentación en el mercado laboral y presionando sobre los niveles de pobreza.

El impacto social de la inflación sigue siendo profundo. El Observatorio de la Deuda Social de la UCA reportó que la pobreza urbana alcanzó el 41% en el primer trimestre de 2025, afectando especialmente a los hogares con niños. El encarecimiento de alimentos y servicios básicos limita el consumo y deteriora la calidad de vida, al tiempo que aumenta la dependencia de programas de asistencia estatal. Este escenario plantea la necesidad de políticas focalizadas para proteger a los sectores más vulnerables.

El desafío para Argentina será consolidar la tendencia a la baja de la inflación sin frenar la actividad económica. Para lograrlo, será necesario avanzar en un plan integral que incluya estabilidad cambiaria, orden fiscal, acuerdos de precios y salarios y, sobre todo, confianza en las instituciones. La moderación de la inflación en 2025 es un primer paso, pero aún resta un camino complejo para alcanzar niveles compatibles con el crecimiento sostenido y la mejora social.

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