Durante el sábado 3, Caracas vivió horas de máxima tensión: reportes periodísticos hablaron de explosiones, vuelos a baja altura y movimientos militares tras la captura de Maduro. En paralelo, comenzaron a circular mensajes de apoyo y rechazo en la región, con un escenario político venezolano que quedó “en suspenso” por la velocidad del operativo.

Mientras el oficialismo venezolano guardaba definiciones de fondo, en distintos países aparecieron reacciones polarizadas: gobiernos alineados con Washington celebraron la acción como un quiebre histórico, y otros la denunciaron como una violación grave a la soberanía.

El impacto no fue solo simbólico: el “día después” dejó señales de reconfiguración diplomática, con llamados urgentes a pronunciamientos regionales y expectativa por el rol que jugarían las Fuerzas Armadas venezolanas y la cúpula chavista.

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