El Gobierno anunció otra reducción de retenciones para las exportaciones de granos, una decisión que vuelve a beneficiar a los grandes complejos exportadores en un contexto de recursos escasos. El recorte alcanza a productos como soja, trigo y maíz y se suma a las rebajas aplicadas en las últimas semanas.
La medida llega en medio de una fuerte tensión cambiaria y con el Estado necesitando reforzar sus ingresos. Sin embargo, la baja de alícuotas implica menos recaudación para el fisco en un momento en que los organismos públicos enfrentan recortes y ajustes. Diversos economistas advierten que este tipo de decisiones debilita aún más la capacidad fiscal del Estado.
Además, especialistas señalan que no hay garantías de que la rebaja en retenciones acelere la liquidación de divisas. El sector agroexportador ya viene demorando ventas pese a los incentivos previos, por lo que persisten dudas sobre si esta medida efectivamente mejorará el ingreso de dólares o solo ampliará los márgenes de ganancia del sector.
El recorte se da mientras otros sectores productivos no reciben mejoras ni alivios equivalentes. Para analistas y organizaciones sociales, la decisión profundiza un esquema desigual que favorece a quienes más capacidad económica tienen, sin un impacto claro sobre la actividad ni sobre los ingresos del Estado.





