De cara a Navidad y Reyes, la industria juguetera argentina atraviesa uno de sus peores momentos en dos décadas. La CAIJ advierte que las ventas están estancadas, con sobreoferta de productos acumulados desde 2023, ingreso masivo de nuevos importadores y márgenes negativos en muchas jugueterías por la suba de tarifas de energía y la presión del canal online. Dentro de las fábricas, 6 de cada 10 máquinas están paradas, sin producir, y varias casas tradicionales —como Rossier en Escobar, Halago’s en Quilmes y Lilián en Trelew— cerraron sus puertas.
Los números de comercio exterior son el espejo de esa crisis. Entre enero y octubre, las importaciones de juguetes sumaron 91,3 millones de dólares y 17,5 millones de kilos, con un aumento interanual del 59,5% en valor y del 94% en volumen, dominados por productos chinos de muy bajo costo. Al mismo tiempo, se disparó la cantidad de importadores y crecieron las compras puerta a puerta y el contrabando, lo que, según la CAIJ, “profundiza la competencia desleal” y compromete la sostenibilidad del sector nacional.
En este marco, muchas empresas productoras e importadoras enfrentaron resultados negativos incluso en el Día del Niño y hoy rematan mercadería para recuperar liquidez, lo que genera precios por debajo de lo sostenible y altera los plazos de pago. Furió resumió el riesgo con una frase: “Se pone en juego la continuidad de empresas de todos los tamaños”. La Cámara insiste en que el sector tiene potencial, pero necesita políticas que frenen la avalancha externa y eviten que las fiestas terminen de consolidar un mapa dominado casi por completo por juguetes importados.





