El mercado laboral argentino atraviesa un momento de fragilidad. Según el último informe del INDEC, la tasa de desempleo se mantiene en 6,8%, pero detrás de ese número se esconde una fuerte expansión del empleo informal y de los trabajos de baja calidad. En los últimos doce meses, más de 400.000 personas se incorporaron al mercado laboral sin aportes jubilatorios ni cobertura social.
La pérdida de poder adquisitivo es otro de los factores que explican la sensación de deterioro general. Los salarios registrados crecieron un 78% interanual, frente a una inflación del 110%, lo que significa una caída real de casi 15 puntos en los ingresos de los trabajadores. Este desfasaje impacta directamente en el consumo, especialmente en el interior del país, donde los aumentos de precios se sienten con más fuerza.
El empleo público se mantuvo estable, pero el sector privado formal no logra recuperar los niveles de 2017. Las pymes —responsables del 70% del empleo privado— enfrentan dificultades para sostener su plantilla por la baja de ventas y el alto costo financiero. En contrapartida, crecieron los trabajos por cuenta propia, el monotributo y los servicios temporarios, que muchas veces funcionan como estrategias de supervivencia ante la falta de empleo estable.
La brecha regional sigue siendo marcada. En el NOA y el NEA, el trabajo informal supera el 45% del total, mientras que en Buenos Aires y la Patagonia ronda el 30%. En las provincias del norte, la falta de inversión privada y de infraestructura limita la generación de puestos de calidad, lo que empuja a miles de personas hacia la economía informal o las changas.
El Gobierno nacional impulsa programas de capacitación laboral y estímulos fiscales para la creación de empleo joven, pero los resultados son dispares. En 2025 se lanzó el Plan Emplear Futuro, destinado a financiar la formación técnica en oficios vinculados a la economía verde, la tecnología y la construcción. Sin embargo, los empresarios advierten que las trabas impositivas y la inestabilidad macroeconómica dificultan la contratación formal.
Las plataformas digitales también están modificando el mercado de trabajo. Miles de argentinos se desempeñan como repartidores, choferes o freelancers en aplicaciones globales. Este modelo ofrece flexibilidad, pero plantea un vacío legal: la mayoría no cuenta con cobertura médica ni aportes jubilatorios. El debate sobre cómo regular estas nuevas formas de empleo se instaló con fuerza en el Congreso.
Los economistas coinciden en que la recuperación del trabajo formal será lenta si no hay crecimiento sostenido de la economía. La creación de empleo genuino depende de un entorno de inversión, estabilidad y productividad. Mientras tanto, millones de argentinos sobreviven entre la precariedad y la incertidumbre, en un mercado laboral que refleja fielmente las tensiones estructurales del país.




