En 2025, el sector tecnológico argentino se ha consolidado como uno de los motores de crecimiento de la economía, aportando innovación, empleo calificado y exportaciones de servicios. Según datos de la Cámara de la Industria Argentina del Software (CESSI), las exportaciones de software y servicios basados en conocimiento alcanzaron los 9.800 millones de dólares en el primer semestre, lo que representa un incremento del 14% respecto al mismo período de 2024. Este desempeño ubica a la Argentina como el segundo mayor exportador de la región, detrás de Brasil.

El crecimiento se explica principalmente por la expansión de empresas dedicadas a la inteligencia artificial, el desarrollo de videojuegos y la ciberseguridad. Estos segmentos han encontrado un mercado global en expansión, con demanda sostenida por parte de Estados Unidos y Europa. Además, el talento argentino es altamente valorado por su nivel de formación y competitividad en costos. En el país, la industria emplea actualmente a más de 145.000 trabajadores, con salarios que en promedio duplican el ingreso medio registrado en el sector privado.

Uno de los desafíos más importantes para el sector sigue siendo la formación de profesionales. Informes recientes del Observatorio de Empleo Tecnológico indican que existe un déficit de 15.000 puestos vacantes por falta de perfiles capacitados. En respuesta, el gobierno nacional y varias provincias impulsan programas de capacitación en programación, ciencia de datos y robótica. Además, se promueve la articulación entre universidades, empresas y organismos públicos para diseñar currículas que respondan a las demandas actuales del mercado.

El contexto internacional también juega un rol clave. La creciente digitalización de procesos y la automatización industrial generan nuevas oportunidades para las empresas argentinas. Sin embargo, la competencia es intensa y requiere de una política clara de incentivos y estabilidad macroeconómica. Para fomentar la inversión, el Congreso discute un proyecto de ley que propone beneficios fiscales a empresas que destinen parte de sus ganancias a investigación y desarrollo, así como a la contratación de personal en áreas estratégicas.

El financiamiento es otro aspecto central para el crecimiento del sector. En los últimos meses, varias startups argentinas lograron rondas de inversión superiores a los 10 millones de dólares, principalmente en áreas como fintech y salud digital. Sin embargo, el acceso al crédito local sigue siendo limitado debido a las altas tasas de interés. El Banco Nación anunció la creación de una línea específica de financiamiento con tasas preferenciales para proyectos tecnológicos, buscando estimular la innovación y la generación de empleo calificado.

Desde el punto de vista geográfico, la industria tecnológica se ha expandido más allá de la Ciudad de Buenos Aires. Ciudades como Córdoba, Rosario y Mendoza se han convertido en polos de desarrollo, ofreciendo infraestructura y ecosistemas emprendedores que atraen inversiones. Esta federalización contribuye a la descentralización económica y al desarrollo regional, generando oportunidades laborales en provincias que históricamente dependían de actividades más tradicionales como la agricultura o la industria manufacturera.

El futuro del sector dependerá de la capacidad de Argentina para sostener políticas de Estado que promuevan la innovación y la competitividad. Si se logra consolidar un marco regulatorio estable y una educación orientada a la tecnología, el país podría duplicar sus exportaciones en los próximos cinco años. En un contexto global donde el conocimiento es un recurso estratégico, la industria tecnológica se perfila como una pieza clave para el crecimiento sostenido de la economía nacional.

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