Al igual que lo hizo con el gobierno de Mauricio Macri en 2019, el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, volvió a prometer todo el dinero que sea necesario para ayudar a, esta vez, el presidente argentino, Javier Milei. El primer mandatario se reunió con su par norteamericano, acompañado de su hermana y mano derecha, Karina.

Cabe recordar que, tras el multimillonario endeudamiento externo del gobierno de Macri, comandado por el mismo ministro de entonces, Luis Caputo, llegó a las elecciones con una crisis económica muy similar o quizás menos trágica que la actual, en la que la deuda ya se encuentra en un récord histórico y la recesión económica es total, sobre todo en la Provincia de Buenos Aires, fruto de políticas que llevan al industricidio, según casi todos los especialistas en la materia.

El paralelismo con 2019 resulta inevitable: un gobierno que recurre al auxilio financiero externo en medio de una coyuntura crítica, con un ministro de Economía repetido y con promesas de alivio que, en la práctica, profundizan la dependencia de la deuda. Esta situación vuelve a instalar el debate sobre si el endeudamiento puede servir como tabla de salvación electoral o si, por el contrario, anticipa un agravamiento de la crisis estructural.

Los especialistas advierten que la combinación de deuda récord, recesión profunda e industricidio golpea con especial dureza a la Provincia de Buenos Aires, motor productivo del país. Allí, el impacto del ajuste y la parálisis económica se sienten con mayor intensidad, lo que convierte a ese territorio en un termómetro clave para medir las consecuencias sociales y políticas de la estrategia que, una vez más, apuesta al endeudamiento externo como herramienta de supervivencia electoral.

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