Construido en 1910, el histórico edificio Unzué ha pasado de ser un asilo para huérfanas y objeto de mitos de túneles y apariciones, a encontrarse en ruinas y en el centro de polémicas propuestas de reconversión. Ahora, se debate su destino: restaurarlo para uso social o transformarlo en un centro comercial privado.
Construido en 1910 y cedido al Estado nacional en 1911, el Unzué fue durante décadas un asilo para niñas huérfanas. Su arquitectura imponente, con mármoles importados, una cúpula de diez metros y un oratorio inspirado en Santa Sofía, lo convirtieron en una joya patrimonial de Mar del Plata. Sin embargo, tras años de deterioro y sin mantenimiento, hoy sufre filtraciones, estructuras dañadas y sectores clausurados, lo que genera preocupación tanto en vecinos como en defensores del patrimonio.
El abandono del edificio también alimentó un sinfín de leyendas urbanas. Hay quienes aseguran haber visto apariciones, escuchado ruidos extraños o sentido presencias inexplicables. Entre los mitos más repetidos, destaca la supuesta existencia de túneles secretos que conectarían el predio con la capilla Santa Cecilia. Sin embargo, los registros oficiales y el testimonio de antiguos trabajadores relativizan estas versiones y apuntan a construcciones normales en los subsuelos, sin indicios de pasadizos extensos.
En medio de este contexto, surgió una propuesta que generó polémica: destinar parte del edificio a oficinas municipales y otra parte a un shopping. El debate está abierto entre quienes exigen la restauración y preservación del Unzué como bien cultural, y quienes consideran que una reconversión comercial podría significar una salida económica viable. Mientras tanto, el edificio sigue esperando una decisión que defina su destino, entre la memoria y el mercado.






