El comercio internacional se ha convertido en un eje central para la economía argentina en 2025, en un contexto de reconfiguración de las relaciones económicas a nivel global. Durante el primer semestre del año, las exportaciones argentinas alcanzaron los 45.600 millones de dólares, lo que representa un aumento interanual del 6,8%, según datos del INDEC. Este crecimiento estuvo impulsado principalmente por el complejo agroindustrial, el sector energético y la incipiente industria minera, con el litio como protagonista. Sin embargo, la balanza comercial se mantuvo ajustada debido al incremento de las importaciones de bienes intermedios y tecnología.
El Mercosur continúa siendo el principal bloque comercial para la Argentina, con Brasil como su socio estratégico. En lo que va de 2025, el comercio bilateral con el país vecino creció un 11%, favorecido por la recuperación de la industria automotriz y la integración de cadenas de valor en sectores como alimentos y energía. Aun así, persisten tensiones internas dentro del bloque, especialmente en relación con la apertura hacia otros mercados y la necesidad de modernizar los acuerdos comerciales vigentes para ganar competitividad frente a economías emergentes.
Uno de los temas de mayor relevancia ha sido la negociación del acuerdo Mercosur-Unión Europea. Tras años de postergaciones, en junio de 2025 se retomaron las conversaciones con la expectativa de alcanzar un consenso antes de fin de año. Este tratado podría abrir un mercado de más de 450 millones de consumidores para los productos argentinos, especialmente en el rubro agroindustrial y manufacturas de origen industrial. No obstante, sectores como la industria automotriz y textil han expresado preocupación por la competencia que implicaría la apertura comercial sin un plan de transición adecuado.
China se ha consolidado como otro socio clave en la estrategia comercial argentina. Durante los primeros ocho meses de 2025, las exportaciones hacia el gigante asiático crecieron un 15%, con la soja, la carne bovina y el litio como principales productos. Además, se firmaron acuerdos de inversión para infraestructura portuaria y energética que buscan fortalecer la logística de exportación. Sin embargo, expertos advierten que la relación con China debe ser equilibrada para evitar una dependencia excesiva y diversificar los destinos de exportación hacia otros mercados estratégicos.
En paralelo, Argentina ha comenzado a explorar nuevas alianzas en la región Asia-Pacífico, incluyendo negociaciones preliminares con países miembros del CPTPP, un bloque que concentra el 13% del comercio mundial. Estas gestiones forman parte de una estrategia a largo plazo para posicionar al país en cadenas globales de valor, particularmente en sectores de alto valor agregado como tecnología, alimentos procesados y energías limpias.
El futuro del comercio internacional argentino dependerá de la capacidad de articular una política externa coherente que combine apertura con protección estratégica de sectores sensibles. La diversificación de mercados, la mejora de la competitividad interna y la inversión en infraestructura serán factores clave para aprovechar las oportunidades que ofrecen los nuevos acuerdos regionales y globales. Si el país logra avanzar en estos frentes, el comercio exterior podría convertirse en uno de los pilares de crecimiento y estabilidad económica en los próximos años.




