La incorporación de nuevas tecnologías está transformando el agro argentino, impulsando una producción más eficiente, rentable y sostenible. En 2025, la digitalización y la innovación en el sector alcanzaron niveles récord, con una adopción creciente de herramientas de agricultura de precisión, inteligencia artificial y monitoreo satelital. Según datos de la Bolsa de Comercio de Rosario, el 60% de los productores medianos y grandes utiliza algún tipo de tecnología digital para la toma de decisiones, frente al 45% registrado en 2023.

Los drones y sensores remotos se han convertido en aliados clave para optimizar la gestión de los cultivos. Estas herramientas permiten detectar plagas, medir la humedad del suelo y evaluar el estado nutricional de las plantas con gran precisión. Su uso reduce costos, mejora los rendimientos y disminuye el impacto ambiental al aplicar agroquímicos solo donde son necesarios. Empresas de tecnología agrícola reportan que la utilización de estas soluciones puede incrementar la productividad en un 15% en promedio.

El Big Data y la inteligencia artificial también están revolucionando la planificación productiva. Plataformas digitales integran información climática, de mercado y de suelos para generar recomendaciones personalizadas en tiempo real. Esta innovación facilita la toma de decisiones estratégicas, como definir el momento óptimo de siembra, cosecha o fertilización. En 2025, varias cooperativas agrícolas implementaron sistemas basados en IA, lo que permitió mejorar la eficiencia logística y reducir desperdicios.

El desarrollo de maquinaria inteligente es otro avance significativo. Tractores autónomos, pulverizadoras con sistemas de geolocalización y cosechadoras conectadas forman parte de la modernización de la maquinaria agrícola. Según la Asociación Argentina de Fabricantes de Maquinaria Agrícola (AFAMAC), las ventas de equipos con tecnología de precisión crecieron un 22% interanual, impulsadas por la necesidad de optimizar recursos y responder a la creciente competencia internacional.

La conectividad rural, sin embargo, sigue siendo un desafío para la expansión tecnológica. Según el Ente Nacional de Comunicaciones (ENACOM), solo el 58% de las zonas rurales cuenta con acceso estable a internet de banda ancha. Esta limitación afecta especialmente a pequeños y medianos productores, que muchas veces quedan excluidos de los beneficios de la digitalización. Proyectos público-privados buscan reducir esta brecha mediante el despliegue de redes 4G y 5G, así como satélites de baja órbita.

En el plano ambiental, la tecnología también contribuye a prácticas más sostenibles. Sistemas de riego inteligente, monitoreo de carbono en suelos y soluciones para reducir la huella hídrica y de carbono están ganando terreno. Estas innovaciones no solo mejoran la eficiencia productiva, sino que también responden a las demandas de los mercados internacionales, que exigen cada vez más trazabilidad y sustentabilidad en los productos agrícolas.

El futuro del agro argentino dependerá de su capacidad para integrar innovación tecnológica con políticas públicas y financiamiento accesible. La competitividad global ya no se mide solo en términos de volumen de producción, sino también en eficiencia, calidad y sostenibilidad. Si el país logra consolidar un ecosistema de innovación que incluya a todos los productores, desde grandes empresas hasta pequeños agricultores, podrá fortalecer su rol como líder en la producción de alimentos a nivel mundial.

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