José Peluc, diputado nacional de La Libertad Avanza por San Juan, quedó en evidencia en una entrevista radial cuando no supo responder preguntas básicas sobre el costo fiscal de las leyes que defiende.

Al ser consultado por el periodista Ari Lijalad sobre el costo de aumentar las jubilaciones, Peluc respondió que lo había “estudiado”, pero no sabía el número exacto. Lijalad le explicó que era el 0,4% del PBI y le consultó por la baja de Bienes Personales, una medida que el diputado sí respaldó en el recinto. El libertario volvió a equivocarse y dijo que costaba “un poco más”, cuando en realidad tiene el mismo impacto: 0,4%. 

La entrevista finalizó sorpresivamente cuando el periodista le consultó a Peluc si sabía cuánto implicaba en términos fiscales declarar la emergencia en discapacidad. Esta vez, el diputado de La Libertad Avanza no supo qué decir y cortó el teléfono.

El episodio dejó al descubierto las contradicciones internas de muchos legisladores oficialistas, que votan proyectos con fuerte impacto en las cuentas públicas sin poder justificar técnica ni políticamente sus decisiones. El caso de Peluc refleja una tendencia creciente en el Congreso: el uso del voto como acto de obediencia partidaria antes que como resultado de un análisis serio del impacto económico de cada medida.

La situación generó repercusiones inmediatas en redes sociales, donde numerosos usuarios y dirigentes de la oposición cuestionaron la falta de preparación del legislador y la estrategia discursiva del oficialismo, que por un lado reclama equilibrio fiscal y, por otro, aprueba rebajas impositivas regresivas. Para muchos, el momento en que el diputado optó por cortar la comunicación en lugar de continuar la entrevista funcionó como una confesión tácita de desconocimiento.

En un contexto de ajuste económico, recortes en áreas sensibles como discapacidad y tensiones por la sostenibilidad del sistema previsional, la falta de claridad de un representante sobre el impacto de las políticas que defiende no solo erosiona la credibilidad del bloque oficialista, sino que también debilita el debate democrático.

El silencio final de Peluc no fue solo el cierre de una entrevista, sino un símbolo más de la precariedad con la que algunos sectores del oficialismo abordan decisiones que afectan a millones de argentinos.

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