La pregunta sobre si estamos solos en el universo ha intrigado a la humanidad durante siglos. Con miles de millones de galaxias y planetas, la posibilidad de que exista vida en algún otro lugar es cada vez más discutida en el ámbito científico.

Uno de los avances más importantes ha sido el descubrimiento de exoplanetas —planetas fuera del sistema solar— en zonas habitables. Gracias al telescopio Kepler y al James Webb, se han identificado miles de estos mundos con condiciones similares a la Tierra.

Otro enfoque importante es la astrobiología, que estudia las condiciones para que exista vida y cómo podríamos detectarla. Se analizan compuestos orgánicos en cometas, atmósferas planetarias y hasta rastros de microbios en Marte.

Las misiones espaciales como las de la NASA y la ESA, buscan evidencias en cuerpos como Europa (una luna de Júpiter) o Encélado (de Saturno), donde hay océanos subterráneos que podrían albergar vida microscópica.

También existe la posibilidad de que alguna civilización avanzada haya enviado señales. Por eso, proyectos como SETI escanean el cielo en busca de patrones de radio o luz que no puedan explicarse por fenómenos naturales.

Aunque aún no hemos encontrado pruebas concluyentes, la ciencia está cada vez más cerca de responder esta gran incógnita. Y si la respuesta es afirmativa, cambiaría radicalmente nuestra visión del universo… y de nosotros mismos.

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