Lográs algo importante, te felicitan, te dicen que sos talentoso/a… y sin embargo sentís que no es para tanto, que tuviste suerte, o que pronto todos se van a dar cuenta de que “no sos tan bueno/a”. ¿Te suena? Eso se llama síndrome del impostor.

Afecta a muchísimas personas, incluso a las más exitosas. Desde estudiantes brillantes hasta artistas, emprendedores o médicos. Y aunque no es un trastorno oficial, puede generar ansiedad, inseguridad y autoexigencia extrema.

El origen suele estar en creencias internas: miedo al fracaso, necesidad de aprobación, o haber crecido en contextos donde el éxito no era reconocido como algo propio sino como una casualidad.

Quienes lo sufren tienden a restarle valor a sus logros y a hipervalorar el esfuerzo ajeno, creyendo que todos son más inteligentes o capaces que ellos. Pero en realidad, no es humildad… es autoengaño.

Una forma de combatirlo es revisar tu historia real: lo que aprendiste, superaste y lograste. También hablarlo con otros, porque muchas veces nos sorprenderíamos al saber que los demás sienten lo mismo.

Reconocer el síndrome del impostor no significa que te creas superior. Significa darle valor justo a lo que sí hiciste, lo que sí sabés y lo que sí sos.

Tendencias