Javier Milei, presidente libertario por convicción y showman por estrategia, ha llevado al país por un sendero de ajuste brutal, cuyo filo más filoso corta sin anestesia las arterias vitales del conocimiento, la salud pública y la educación.

📉El primer golpe lo sintió el CONICET, bastión histórico de la investigación científica nacional. A los pocos días de asumir, el nuevo gobierno congeló ingresos, recortó becas y dejó sin presupuesto a cientos de proyectos en curso. Laboratorios cerrados, investigadores emigrando, publicaciones suspendidas. El éxodo no fue voluntario: fue forzado por un Estado que dejó de considerarlos útiles.

🏥Los hospitales públicos han entrado en terapia intensiva. El presupuesto para salud fue recortado en un 30% real, afectando programas de vacunación, provisión de medicamentos esenciales, trasplantes y cirugías. El caso más visible es el del Garrahan.

📚La motosierra también cortó tiza y pizarrón. El financiamiento a las universidades públicas sufrió una poda feroz, que llevó a la Universidad de Buenos Aires y otras casas de estudio a funcionar al borde del colapso. Sin fondos para servicios básicos, muchas debieron reducir horarios, cerrar comedores, suspender becas.

🚸La educación básica tampoco escapó. El plan nacional de conectividad escolar fue suspendido. Las netbooks no llegan. Las escuelas rurales quedaron sin transporte. El salario docente fue licuado por la inflación. El mensaje es claro: si no podés pagar la educación, no la merecés.

🎙️Mientras tanto, Milei celebra desde un atril o una entrevista en Miami la “liberación del mercado”, como si los derechos fueran mercancías. La sociedad, sin embargo, comienza a vibrar en otra frecuencia: la del hartazgo.

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