Detrás de cada frasco extranjero, en algunos meses seguro habrá un técnico argentino sin trabajo.

Argentina cuenta con una industria veterinaria nacional consolidada, con 19 laboratorios que producen vacunas y medicamentos para el mercado interno y para exportación. Estos establecimientos no solo abastecen al sistema sanitario animal del país, sino que también generan más de 3.500 empleos directos altamente calificados.

Además de los puestos en planta, esta red sostiene a miles de trabajadores indirectos: veterinarios, transportistas, proveedores de insumos, técnicos de control de calidad, entre otros. Se calcula que más de 50.000 personas, en todo el país, dependen de esta cadena.

La reciente flexibilización de importaciones —que permite el ingreso exprés de vacunas sin ensayos locales— pone en riesgo esa estructura. Si los laboratorios nacionales pierden competitividad frente a productos importados más baratos y con menos exigencias, inevitablemente vendrá el ajuste: reducción de producción, despidos y cierre de plantas. Y con eso, el vaciamiento de una industria que llevó décadas construir.

Tendencias