La rutina puede dar estabilidad, pero también puede volverse pesada o aburrida si no hay espacio para lo nuevo. A veces, un pequeño cambio es suficiente para recuperar la motivación y el entusiasmo.
No necesitás un viaje o un cambio radical. Podés empezar probando un camino distinto al trabajo, cocinando una receta nueva o hablando con alguien con quien no hablabas hace tiempo.
Agregar micro experiencias diferentes a tu semana —como leer algo fuera de lo habitual o probar una actividad nueva— le da aire fresco a tus días sin alterar todo tu mundo.
También podés redescubrir lo que ya hacés: mirar tu serie favorita con atención plena, caminar sin auriculares, prestar más atención a las pequeñas cosas.
Salir de la rutina no es dejar todo, sino reconectar con lo que te gusta, con lo que te despierta curiosidad y con el simple placer de hacer algo distinto, aunque sea por un rato.




