La comunicación es uno de los pilares fundamentales de las relaciones humanas. Como seres sociales, nos estamos comunicando de manera constante, incluso en aquellos momentos de silencio. A menudo, este silencio puede generar incomodidad emocional, especialmente cuando no hemos aprendido a gestionar los espacios de no comunicación. Sin embargo, incluso cuando no hablamos, estamos enviando mensajes, y eso resalta la importancia de entender cómo nos comunicamos.
Según la psicóloga [nombre de la psicóloga, si es aplicable], en todo proceso comunicativo existen dos roles claramente definidos: el emisor y el receptor. Ambos participan activamente, y es crucial que haya coherencia en las formas de transmitir el mensaje. Este equilibrio debe darse tanto en el lenguaje verbal, es decir, las palabras que decimos, como en el lenguaje no verbal, que incluye el tono de voz, la mirada, los gestos y la postura corporal.
La importancia de la coherencia en la comunicación
Cuando los dos niveles de la comunicación no están sincronizados, se produce lo que se conoce como un «cortocircuito» comunicacional, que puede dar lugar a malentendidos o conflictos. Por ejemplo, si el emisor dice algo con tono amable pero su cuerpo se muestra tenso o su mirada evita el contacto, el receptor puede sentirse desconectado o incluso confundido acerca de las verdaderas intenciones.
Las barreras que dificultan la comunicación efectiva son diversas. La psicóloga destaca algunos de los principales obstáculos que solemos enfrentar:
- Falta de contacto visual: No mirar a los ojos puede generar desconfianza o falta de interés.
- Tono de voz inapropiado: Un tono elevado o agresivo puede generar tensión, mientras que un tono monótono puede hacer que el mensaje pierda fuerza.
- Distancia física: Establecer una barrera física innecesaria puede hacer que el receptor se sienta excluido o incómodo.
- Interrupciones: Hablar por encima del otro impide escuchar y comprender realmente lo que el otro quiere transmitir.
- Suposiciones o “error del adivino”: Dar por hecho que conocemos lo que el otro piensa o siente sin preguntar o escuchar atentamente.
Recomendaciones para una comunicación efectiva
Para que la comunicación sea efectiva y ayude a fortalecer las relaciones interpersonales, la psicóloga sugiere varias prácticas que pueden marcar la diferencia:
- Respetar los turnos al hablar: Evitar interrumpir al otro y dejar espacio para que ambos puedan expresarse.
- Ser claro y preciso en el mensaje: Hablar con claridad y no dar por sentado que el otro entiende lo mismo que nosotros.
- Utilizar un tono de voz adecuado: El tono debe ajustarse al contexto y al contenido del mensaje.
- Evitar los gritos y descalificaciones: La agresividad verbal puede generar confrontación y dañar las relaciones.
- Mantener contacto visual: Esto demuestra interés y respeto por la otra persona.
- Mostrar atención y empatía: Hacer gestos de confirmación, como asentir con la cabeza, y verificar que realmente hemos comprendido el mensaje.
- Hacer preguntas aclaratorias: Para evitar malentendidos, podemos preguntar: “Si estoy entendiendo bien, ¿quieres decir que…?”
- No emitir juicios: Evitar críticas o comentarios despectivos que dificultan una comunicación abierta y sincera.
- Practicar la empatía: Ponernos en el lugar del otro para entender mejor su punto de vista.
El poder del lenguaje asertivo
Uno de los aspectos más importantes para una comunicación efectiva es el uso de un lenguaje asertivo. Esto significa expresar lo que pensamos, sentimos y necesitamos de forma honesta, directa y respetuosa, sin caer en la pasividad ni la agresividad. La psicóloga subraya que el lenguaje pasivo, donde se callan los sentimientos, puede llevar a la frustración interna, mientras que el lenguaje agresivo no solo afecta a quien lo utiliza, sino también a la relación con el otro. Como dijo Shakespeare, «las palabras que no salen del corazón lo invitan a romperse».
En conclusión, para mantener relaciones saludables y una buena comunicación con los demás, es esencial tomar conciencia de cómo nos expresamos y cómo escuchamos. Elegir un lenguaje asertivo, respetuoso y empático no solo mejora nuestra relación con los demás, sino también nuestra relación con nosotros mismos.
Conclusión: La comunicación es una habilidad que se puede mejorar con práctica y conciencia. Al integrar estas herramientas y recomendaciones en nuestra vida diaria, podemos construir relaciones más fuertes y satisfactorias, basadas en la comprensión mutua y el respeto.




